Como toda gran serie que no debe prolongarse y ser parodia de sí misma, se decidió terminarla en su punto más alto, pero a su vez darle un cierre creíble y favorable en todo sentido para cada arco de sus personajes.
En esta cuarta temporada conformada por 14 capítulos y dividida en dos partes, liberarse del cártel finalmente parece estar al alcance, pero los lazos familiares en riña pueden significar la ruina final de los Byrde.
Por un lado, una vez comenzada esta nueva tanda de capítulos finales, no para de divertir a la audiencia muy a su forma, justo como en sus otros capítulos, este es uno de los hechos que se van a extrañar después de su final. Sigue desarrollando esa característica visión oscura, nihilista y destructiva de los valores familiares de la clase media que ha venido estructurando desde el inicio del show. Todo este tramo final es sorprendente, es una experiencia visual sin igual.
Además, si se tuviera que catalogar en una frase todo este final sería: un perfecto efecto dominó. Uno de los detalles más significativos es que el cambio de poder es constante, lo cual ayuda a elevar la tensión para entregar una historia enorme y ambiciosa. Este esquema final es fructífero, ya que todo aquello que se viene cosechando desde sus primeras temporadas rinde fruto rumbo al cierre, sobre todo por aquel enfrentamiento final.